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Domingo, 23 Júlio 2017
«Mis abuelos no vieron bien que mi padre abriera una carnicería, no estaba bien visto el negocio»
La Cambra de Comerç d'Eivissa i Formentera reconoce la labor de este negocio familiar original de Sant Antoni en su tercera edición de los Premios Posidonia a la Excelencia Empresarial
 
La Cambra de Comerç d'Eivissa y Formentera ha decidido reconocer, en su tercera edición de los Premios Posidonia a la Excelencia Empresarial, al negocio familiar Carnes March de Sant Antoni. Vicente Roselló Colomar es un ibicenco, natural de Sant Antoni, que, proveniente de una familia numerosa que había vivido de sus trabajos en el campo y de lo que daba el mar, comenzó a interesarse por los animales. Fue en 1965 cuando decidió abrir la carnicería Carnes March, en la calle Progreso de Sant Antoni. «Sus padres le pusieron mala cara porque era un negocio que estaba mal visto en aquella época», relata hoy el hijo de Vicente y actual gerente de la empersa, Simón Vicente Roselló Ribas. «Mi padre siempre crió cerdos, ovejas y sobre todo pollos que cuidaba él. Una parte de lo que vendía lo criaba y la otra la tenía que comprar en la zona porque no podía tener tanto animal. Entonces funcionaban más lo mataderos de Eivissa. En el momento en el que las ventas se dispararon ya tuvo que empezar a comprar productos en Valencia y Barcelona». En 1965, cuando Carnes March abrió sus puertas al público, tan sólo había una carnicería más en el municipio, «la de un vecino». La familia Roselló no quiere olvidar la mención de una persona clave en la apertura de la empresa: Antonio Ribas Prats, quien estuvo trabajando en el negocio familiar más de 40 años.

Simón Roselló supone que «los principios tuvieron que ser duros», aunque reconoce que en 1975, cuando llegó el turismo a la isla y el consecuente auge para todos los negocios, «las ventas se dispararon». Sin embargo, y pese a lo bien que funcionaba el negocio familiar, Simón Vicente Roselló reconoce que a él no le gustaba y no quería saber nada de la empresa. «Yo le dije a mi padre que no quería saber nada de la carnicería y él me contestó que muy bien, que me mandaría a un restaurante a trabajar». Muchos años después Simón Roselló deduce que su padre debió hablar con el responsable del restaurante en cuestión para que le diera «caña» y consiguiera así que su hijo volviera al negocio familiar. «Entonces pensé que era mucho mejor volver a trabajar con los pollos», admite entre risas. De cualquier modo, Simón quería hacer algo diferente por lo que su padre le ofreció abrir unos puestos en el mercado. «Allí me fui con otra persona. Yo me sentí mucho más realizado porque era yo el que tomaba las decisiones». De aquello hace casi 30 años.

Una sonrisa El gerente de Carnes March asegura que siempre han tenido una clientela muy buena y que incluso acudía gente de otros municipios a comprarles. En cuanto al secreto de su éxito, Simón Roselló asegura que ha sido la sonrisa con la que han atendido a sus clientes. «Siempre ha sido básico en nuestro negocio y mis padres nos lo inculcaron a mí y a los empleados. El trato al cliente facilita luego su fidelidad». Por otra parte, en Carnes March siempre han mimado mucho el producto, «intentando ofrecer la mejor calidad, proveniente de las mejores granjas, las mejores carnes y al mejor precio. Ese ha sido nuestro objetivo, ofrecer algo muy bueno y que no fuera demasiado caro». Sumergidos en esa labor de integrar al público en el negocio, de ofrecer un valor añadido e incluso de tener un trato muy cercano con los clientes, se les ocurrió a los propietarios de Carnes March, en el arranque de la empresa, realizar una rifa en la que el premio era una gran cesta de Navidad de tres pisos. A partir de 1965 Vicente Roselló Colomar comenzó a regalar unos numeritos con cada compra. El día 23, ante la atenta mirada del cura del pueblo, del alcalde y del teniente de la Guardia Civil, se introducían las bolas con los números en un bombo y era un niño el que regalaba la suerte. «De aquello hace 45 años y se ponía la tienda y toda la calle llena de gente, por si les tocaba la cesta. Luego se quedaban por la zona y se tomaban un vino». Carnes March cuenta actualmente con tres tiendas de venta al público. Una en Sant Antoni, la otra en Eivissa y una tercera ubicada en Sant Llorenç, donde dispone de una industria cárnica y de elaboración de productos derivados. Desde allí se realiza la distribución a las tiendas de la familia y a distintos supermercados y restaurantes.

Carnes March se expande en la cacereña Sierra de Gata En su afán de superación, Carnes March adquirió en 2007 una explotación agro-ganadera en el norte de la provincia de Cáceres, en la Sierra de Gata, para de este modo poder controlar todo el proceso de comercialización de sus carnes. Ello incluye la cría, el engorde y posterior sacrificio. Seguidamente las carnes son transportadas en camiones frigoríficos hasta Eivissa. En dicha explotación se crían añojos y terneras certificadas bajo la marca ‘Ternera de Extremadura' así como añojos y terneras de la raza retinta, ‘Carne de Retinto'. El mismo proceso se realiza con los corderos y los cerdos ibéricos. En las tiendas de Carnes March se pueden encontrar, además, aceites ecológicos elaborados en el olivar que posee la finca y una selección de quesos y jamones ibéricos con la denominación de origen ‘Dehesa de Extremadura'.



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